Sin promesas de redención
- Patricia Meléndez
- hace 2 días
- 3 Min. de lectura

Tras la publicación de "Ummana Comedia", algunos lectores me preguntaron si plasmar la crudeza de la decadencia humana no resultaba un tanto fatalista, especialmente viniendo de una psicoanalista. Lo cierto es que la clínica no opera desde un optimismo pedagógico ni busca sostener ilusiones neuróticas de completud. Al contrario, nos confronta diariamente con lo imposible, el duelo y los límites del cuerpo. Las siguientes líneas surgen como una respuesta analítica a esa inquietud: una reflexión sobre cómo se sostiene el deseo del analista ante la certeza de nuestro fin y de qué manera el análisis permite tramitar el desgarro de ver apagarse a quienes amamos.
Fatalismo frente a una posición ética que reconoce Lo Real. Desde la perspectiva del psicoanálisis, "Ummana Comedia" resulta un testimonio directo sobre los límites del lenguaje y de la condición humana a través de los siguientes pilares conceptuales:
La articulación de la pulsión de muerte
Freud planteó en Más allá del principio del placer la constante e inevitable insistencia de lo inanimado sobre lo vivo. El psicoanálisis asume que el sujeto convive con esta fuerza desintegradora. Negar la decadencia corporal o el dolor de la finitud equivaldría a sostener una ilusión neurótica de completud.
El encuentro con Lo Real lacaniano
"Ummana comedia" desarma la fantasía de control. Jacques Lacan sitúa a la muerte y al desgarro corporal en el registro de Lo Real: aquello que no se puede simbolizar del todo, lo que no tiene sentido lógico pero se impone de forma cruda e inevitable. Al escribir sobre el "extraño brillo opaco de la mirada" o "los sentidos que se apagan", se nombra ese resto inasimilable con el que tropezamos en la clínica del dolor y del duelo.
La caída de las certezas y la desmitificación del analista
El psicoanálisis no opera desde un optimismo pedagógico ni busca vender una "felicidad adaptativa". Todos transitamos la castración del lenguaje y la falta constitutiva.
El "trabajo del duelo" como destino literario
La literatura y la poesía son formas de tramitación subjetiva. El trabajo del duelo según la lectura clínica, consiste en bordear el agujero que deja la pérdida.
Ahora bien, ¿cómo se sostiene el deseo del analista ante la certeza de la decadencia?
El deseo del analista no es un optimismo ingenuo ni un empuje voluntarista hacia el bienestar; se sostiene, precisamente, en la caída de todas las ilusiones neuróticas de inmortalidad o completud.
Operar desde la falta: Para poder acompañar a un sujeto en su dolor, el analista ha de haber tramitado primero su propia castración. Saber que la decadencia y los "huesos" nos aguardan desmitifica el lugar del terapeuta como un salvador.
El deseo de saber frente a lo inevitable: Lo que sostiene nuestra escucha en el consultorio no es la promesa de un final feliz, sino el deseo de que el analizante encuentre una forma singular de habitar su propia existencia y su finitud, sin quedar alienado al horror o al desamparo original.
Hacer lugar a lo incurable: Sostenerse ahí implica soportar que hay cosas que no se pueden curar, curar en el sentido médico de "reparar". El deseo del analista es el que permite al paciente hablar de su propio desmoronamiento sin que el analista huya por angustia defensiva.
¿De qué manera el análisis permite tramitar el dolor de presenciar el deterioro de quienes amamos?
El entorno social actual empuja a tapar el dolor rápidamente con discursos positivos, fármacos o distracciones cotidianas. El análisis propone una vía radicalmente distinta frente a la decadencia:
Simbolizar el desgarro: Cuando vemos apagarse el brillo de la mirada de quienes amamos, experimentamos un desgarro en nuestra propia estructura psíquica. El análisis no quita el dolor, pero ofrece el espacio para transformarlo en palabra. Evita que el impacto de lo Real arrastre al sujeto a la melancolía o a la parálisis.
El estatuto del resto (la huella): el tiempo borra los indicios, pero el análisis permite rescatar la huella del deseo. Tramitar el deterioro implica aceptar que el cuerpo del Otro decae, pero que el lazo simbólico y lo que ese Otro fundó en nosotros permanece disponible para ser relanzado hacia el futuro.
Una despedida digna a través del habla: El análisis permite armar "las maletas" subjetivas de las que habla el texto. Da el tiempo y el lugar para formular los decires pendientes, acotar la culpa por la impotencia ante la biología y consentir a la pérdida sin quedar destruido junto con el objeto que se va.
Así pues, el espacio analítico contiene y funda un nuevo horizonte ante lo inevitable, en la escucha de la palabra y en la palabra que se hace escuchar.





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