Si tan solo tuviéramos una certeza, una salida concreta, despedidas sin destrucción ni decadencia. Si la vida tuviese un destino distinto a los huesos, la rigidez o las cenizas. Si el horror no llegara. Si la flor quedara estática en la memoria con todo y su fresco aroma. Si la sonrisa permaneciera dibujada en ese arco de aliento a vida, si no se volviese hueco sombrío en ruinas. Si un día simplemente partiéramos, sabiendo que no hay ni sufrimiento ni pedazos de vida arrancad